¿Qué quieres conmigo?
¿Vienes a quedarte o a enseñarme algo? ¿Eres un capítulo más o el libro entero? ¿Llegaste por accidente o justo en el momento en que la vida quiso que aparecieras?
Llevo toda la vida haciéndome las mismas preguntas. Pero a tu lado, lo entiendo todo. No necesito hacer más preguntas, porque cuando te miro a los ojos, tengo todas las respuestas.
Quiero que seas el sol de mis mañanas, la luna de mis noches, la risa detrás de nuestras llamadas, las lágrimas en mis despedidas, las tonterías de cada día, el refugio en mis días grises, el templo donde descansar, la casa a la que regresar después de todo un día, el hombro en el que llorar, las manos que me sostienen cuando me caigo y las mismas que me levantan para que pueda seguir volando.
Quiero que seas mi calma cuando todo afuera hace ruido y mi caos en los días tranquilos. Quiero que seas los ojitos que me miran cuando no me doy cuenta.
Quiero que me desordenes la vida y me ordenes el corazón. Quiero que seas ese lugar donde me pierda o donde te busque. Quiero que seas los brazos a los que siempre quiera regresar.
Quiero que seas tú. Y solo tú. Porque me has enseñado que el amor no es perfecto, es único.
Me has enseñado que quien te quiere, está. Hasta cuando ni tú misma estás para ti. Quién te quiere te cuida y hace todo lo posible por no perderte. Porque no soporta la idea de una vida sin ti.
Yo soy de las que me he dado cuenta de que una vida sin ti… es una vida sin vida.
Me has enseñado, a tu manera, a que aprenda a valorarme, a quererme. Has hecho que vuelva a enamorarme de mí misma: de mi pasión, de mis ganas, de mis defectos, de mis errores. De cada cicatriz que me recuerda quién soy y las batallas que gané.
A veces las besas lentamente, las tratas con cariño, haciéndome ver que soy la guerrera más valiente. Que puedo seguir enfrentándome a todo. Que puedo comerme el mundo si quiero, con un poquito de determinación.
Y entonces cuando me preguntan:
—¿Qué es lo que quieres?
Yo, te respondo:
Quiero que me sigas mirando cada día como la gente mira a La Luna. Pero nosotros miramos las estrellas. En esos lugares que tú y yo sabemos.
Quiero que no solo me abraces cuando tengo miedo, sino que sigas caminando a mi lado mientras lo enfrento.
Quiero quedarme contigo. Porque contigo no tengo que esconderme: ni yo, ni mis alas. Porque cuanto más las abro, más te enamoras de ellas.
Quiero que seas tú. Porque me haces entender que no existe el miedo a las alturas cuando vuelas con la persona correcta.
No viniste a completarme, viniste a hacerme crecer, de tu mano, mientras me acompañas en silencio.
—¿Qué es lo que quiero?
Quiero todo. Lo que eres. Lo que soy cuando estoy contigo. Y todo lo que aún no sabemos que seremos. Porque atrevernos a quedarnos es solo el primer paso. El segundo es saber que el mundo tiembla o se cae a pedazos y estamos a una llamada de decir: «Estoy aquí».
Quiero una vida contigo, porque vale más la pena una vida contigo, que una vida sin ti.
