¿Jugamos al escondite?

Me encantaría hacer una apuesta contigo.
Porque siempre nos ha gustado eso de decir: “la vida pone cada cosa en su lugar”.
Y, a pesar de todo lo que nos ha pasado, sigues creyendo que somos una casualidad en un mundo de coincidencias.

Pues venga.

Quiero que te vayas.
Que te escondas lo más lejos que puedas.
Puedes irte a cualquier parte del mundo.
Desaparece.
Apaga tu móvil.

No es la primera vez que te encuentro de las maneras más surrealistas.
Porque bien sabes que a la vida no le gusta eso de jugar al escondite cuando dos almas están destinadas a encontrarse.

Todavía te piensas que estoy de broma.
Y te crees capaz de pensar eso después de habernos cruzado en este mundo.

¿Todavía no sabes que nuestros corazones laten al mismo tiempo?
¿Todavía no entiendes que nos duele… y sana a la vez?

Nos conocemos.
No por el hecho de saber cómo somos, sino de quiénes somos.
Sobre todo en ese momento en el que estamos juntos.

Conozco la forma en la que palpita tu corazón al verme.
La suavidad de tus manos cuando me tocan.
Ese nudo que se te hace en la garganta cuando me acerco.

Recuerdo, como si fuera ayer, el día que nos encontramos en mitad de la calle, cuando yo no tenía batería en el teléfono.
Fuimos capaces de coincidir en el mismo punto porque nuestros latidos se buscaban en medio de la noche fría.
Nos echábamos tanto de menos después de tanto tiempo…
Siempre has tenido la habilidad de aparecer, como un radar, cuando más nos necesitamos.

Y aún así, crees que podrías esconderte de mí.

Podría cruzar los siete mares.
Recorrer cada uno de los continentes.
Escalar las montañas más altas del mundo.
Surfear cada ola de cada lugar donde el mar se vuelve inmenso.

Y aun así… te lo pongo más difícil.

Me vendaría los ojos.
Me ataría las manos.
Pediría que me dejaran en cualquier lugar, sin pertenencias, sin mapa… sin siquiera un atisbo de señal.

Y aún así, te encontraría.

Porque hay algo que no sabes.

No es que sepa dónde estás.
Es que sé cómo encontrarte.

Estás en cada canción de nuestro artista favorito.
En el roce de mis manos.
En cada latido de mi corazón.
En cada atardecer naranja.

Y entonces llega lo que aún no entiendes:

No tengo que salir a buscarte al mundo.
Solo tengo que cerrar los ojos.

Y ahí estás.

En ese abrazo que me das por detrás cuando la brisa viene de frente.
En los latidos que aparecen cuando nuestras manos se buscan.
En esa sonrisa que te nace de repente… y me enamora.

No me hace falta buscarte fuera.
Porque nuestro mundo no está fuera…
es el lugar al que volvemos cuando nos reconocemos.

Porque hay personas que no se separan,
solo aprenden a existir en dos cuerpos diferentes.

Publicaciones Similares

Deja un comentario