Botón de Reset
Cada vez que te voy a ver, siento cómo algo dentro de mí se enciende.
Mi corazón palpita más y más fuerte.
Lo comparo con esa noche de Reyes cuando tienes ocho años y estás deseando que llegue el momento de abrir tus regalos para saber si te han traído lo que pediste.
Solo que, en esta ocasión, sí eres exactamente lo que pido:
tu mirada, tu sonrisa, la forma en la que nos fundimos en un abrazo.
Te espero con nervios, con ganas, con ilusión.
Pero justo en ese instante en el que nuestras miradas se cruzan, todo se calma.
Es como si, al estar juntos, el mundo a nuestro alrededor se desconectara solo para vernos brillar.
Como si el alma soltara un suspiro y nos recordara que, cuando estamos juntos, todo está bien.
Justo ahí, en medio de esa calma, aparece también un nudo en la garganta, nervios en el estómago y ganas de llorar, porque sé que, tarde o temprano, en cuestión de horas o días, toca volver a soltarse.
Y es ahí donde aparece lo que yo llamo botón de reset.
Ese momento en el que volver a abrazarte reinicia todo: las ganas, la ilusión, la fuerza para aguantar la distancia. Como si cada encuentro recargara cada parte de nosotros que se desgasta cuando estamos lejos. Como si volver a ti fuera volver a sentir que todo tiene sentido.
Al mismo tiempo, sabemos que ese abrazo también trae consigo el inicio de otra despedida. Y, por mucho que intentemos no pensarlo, nos tocará volver a empezar la cuenta atrás desde cero.
Me encanta nuestro botón de reset.
Es agridulce, pero bonito.
Porque lo que siento cuando estás enfrente de mí vale cada espera.
